Hispanofobia o Derrochefobia?

Hispanofobia o Derrochefobia?

Mucho se ha venido hablando estas semanas, y motivos no faltaban para ello, sobre la cumbre europea y las condiciones que tendrían las ayudas a los países más afectados por la pandemia del Covid-19. Los países llamados frugales, Holanda, Dinamarca y Suecia, caracterizados por una férrea disciplina fiscal y por la eficiencia en sus cuentas públicas condicionaban la concesión de esas ayudas a los países meridionales a su instrumentación como préstamos, con la obligatoriedad de devolverlos, y a la exigencia de que los países beneficiarios emprendieran una serie de reformas en sus economías. Esa postura ha sido juzgada por muchos de egoísta, mezquina o hipócrita. No dudo que esas posturas fueran interesadas por parte de sus propulsores, aunque en primer lugar conviene recordar que las relaciones internacionales se basan en intereses, intereses de sus países que tratan de hacer prevalecer frente al resto. Hay otros países, Francia y Alemania, cuyas posturas han sido más benignas para nuestros intereses y que nuestra mente dicotómica juzga de una manera instintiva como de países solidarios y amigos. Conviene no olvidar que esa postura obedece también a los intereses de sus propios países y no a al mero altruismo. Como locomotoras de Europa, y conscientes de las nefastas consecuencias que tuvieran las recetas de recortes que impusieron los teutones en la anterior crisis, juzgaron que ayudar a los países del sur era ayudar a sus propias economías. Celebro que las tesis del eje franco-alemán se hayan impuesto, pero creo que esta situación merece una reflexión más profunda. ¿Por qué los países aplicados, que hacen sus deberes en materia de gestión pública eficiente, algunos como Suecia nada sospechosos de abanderar el capitalismo salvaje, y auténticos adalides del Estado del Bienestra, recelan tanto de nosotros?  ¿Tendrá algo que ver con años y años de desbarajustes y desequilibrios financieros?, ¿con políticas de gasto público erróneas como el famoso plan E de Rodríguez Zapatero?, ¿con los graves casos de corrupción politica que durante años ha salpicado a los dos partidos gobernantes y que ahora se cierne sobre nada menos que nuestro anterior jefe del estado, y que suponen un lastre de muy malas consecuencias?, ¿con los casos como los ERE de Andalucía que desviaban fondos europeos para el lucro personal? ¿con nuestra historia de relaciones laborales basadas en la confrontación y no en la cooperación?, ¿con la falta de competitividad de nuestra economía, que en muchos sectores compite en precio y no en aportar valor?. Se nos va a conceder dinero, la mitad sin necesidad de ser devuelto, lo cual es una buena noticia, pero por favor, a ver si somos capaces de emplearlo de una manera eficiente en los mejores proyectos que ayuda a modernizar nuestra economía y a reducir la brecha con nuestros socios frugales.  No vaya a ser que, en diferido, como algún finiquito que me viene a la memoria, nos tengamos que acordar de las irónicas palabras del castizo: «No pidas, no vaya a ser que te lo concedan». Y por favor , menos numeritos como  aplausos a Pedro Sánchez, como si se tratara del regreso triunfal de los tercios de Flandes, ni postureos chulescos de Pablo Casado, diciendo que se ha conseguido lo que proponía el PP Europeo. Señores, pónganse a trabajar, que el tren sólo pasa una vez. Y «by the way», perdóname, Don Miguel, paisano, pero a ver si de una vez por todas desterramos el !que inventen ellos!

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