Y esta tarde nos vamos a Guecho, Guipúzcoa
Y se quedó tan ancho. Y ningún miembro de su séquito se inmutó. Semejante «boutade» fue soltada ni más ni menos que por el aspirante por entonces, allá por marzo de 2019, a ocupar el gobierno de España. ¡Con un par!. La transcripción tipográfica del título de este artículo, huelga decirlo, obedece fielmente al pensamiento de su protagonista, para el que lo de la diversidad lingüística del Estado, Getxo y Gipzkoa, deben sonarle muy raro. Eso, que algunos acólitos rápidamente lo tildaron como un mero lapsus lingüe es, sin embargo, reflejo de algo mucho más premeditado y por lo tanto más grave y a la vez sintomático. Grave porque denota una falta de cultura geográfica patria palmaria. Desconozco el colegio al que fue el eterno candidato, pero si su periplo curricular por la enseñanza obligatoria es la antesala de su meteórico periplo universitario, ahí puede estar la explicación. Grave porque supone desconocer la historia de su propio partido, y en particular de Alianza Popular, muy ligada a Getxo, y en particular al barrio residencial de Neguri. Grave lo es por desconocer el granero principal de votos de su partido en el territorio histórico de Bizkaia, que no deja de ser Getxo. Pero peor que grave es que ese lapsus es sintomático y muy revelador de la verdadera estrategia del Partido Popular con lo que ellos tan amablemente llaman «nuestra querida tierra vasca», que recuerda a expresiones tan llenas de polvo y naftalina como «nuestros queridos pobres». La estrategia consiste en que el País Vasco, cuyos voto no son en absoluto decisivos para que el Partido Popular llegue al gobierno, es totalmente prescindible. Como además es una zona con un fuente componente identitario/nacionalista que no encaja en nuestra visión imperial y jacobina de España, pues para que me voy a molestar. en conocer sus sentimientos, en empatizar con ellos. En vez de intentar comprender a esa sociedad y proponerle cosas que puedan resultarle atractivas y que puedan ilusionar a su electorado potencial, la utilizo como una herramienta para demostrar a las otras comunidades que el PP no se baja los pantalones, no se rinde y que si a los vascos no les gusta el programa del PP…¡que les den!. ¡A mí no me van a fastidiar en mi camino de llegar a la moncloa!. Y si para eso tengo que desenterrar para las elecciones autonómicas de 2020 a Carlos Iturgaiz, al que por cierto previamente había defenestrado en su carrera europea, pues lo hago. Cuando llega el recuento de votos y se ve el monumental sopapo que se lleva, don erre que erre, fundido en su bandera al estilo de Agustina de Aragón, suelta aquello de «prefiero perder votos que mis principios» y p’alante. P’a Guecho, que desde el Guggenheim todavía tenemos un trecho para llegar a esta pequeña aldea guipuzcoana.
