¿Esconder la dura realidad?
Se habla mucho en los últimos días sobre la foto en la que la televisiva Pilar Rubio aparece perfectamente maquillada y con posado de revista poco después de haber dado a luz a su cuarto hijo, como si viniera de una sesión de masaje y spa, y nos dijera con su sempiterna sonrisa: «parir es una gozada, ni te enteras». Sin querer entrar en los detalles de este caso concreto, la noticia me ha parecido interesante e ilustradora para hablar de lo que considero un grave mal de nuestros tiempos. Se trata de la obsesión que nuestra sociedad occidental y posmodena nos impone de tener que tapar/esconder lo feo, lo incómodo, lo pobre y el sufrimiento, y en definitiva, de convertir las 24 horas del día en un parque temático de la sonrisa, la felicidad y el no sufrimiento. Hace poco me puso los pelos como escarpias un caso que conocí. Resulta que unos padres no querían que sus hijos pequeños vieran a su abuelo, ya que estaba sufriendo una depresión, y claro, el estado del yayo podía interferir de manera negativa en el desarrollo emocional de los hijos. A tal punto llegó la obsesión de los progenitores, que al llegar a casa de los abuelos se cercioraban de que no hubiera al alcance de sus hijos ningún papel, receta o nota que pudiera delatar el estado del abuelo. ¡P’a mear y no echar gota!, como diría el castizo. Claro, Goofy, Winnie the Pooh, el canal clan TV y demás caterva de personajes Disneyanos, con su mundo almibarado, son el hábitat idóneo del que no deben salir los niños . No estoy propagando la supresión de Olentzero, los Reyes Magos, Santa Claus, no se me asusten. Está claro que a los niños hay que criarlos en un ambiente positivo y de cariño, pero eso no es en absoluto incompatible con la necesidad de enseñarles de manera paulatina , progresiva, con tacto y la naturalidad que la decadencia, la enfermedad y la muerte, sí, la muerte, son algo consustancial ser humano y que no hay que taparlo ni esconderlo, están ahí . Como complemento a la ocultación de lo feo y las desgracias, en el ámbito escolar está la educación vía la «evaluación de la sílaba». ¿En qué consiste esto? Pues es una teoría que escuché algunos años de una persona que aunque no era docente podía impartir clases magistrales de una asignatura troncal en la vida: «el sentido común», el «bon sens» de los franceses, o el «zentzuz jokatu» que dicen los baserritarras. Esta persona decía que al paso que íbamos, con cada vez más facilidades educativas a los chavales , a los que se limaba cualquier arista, dificultad o aspereza de las asignaturas, acabaríamos en » la evaluación de la sílaba». Así pues, llegaría un punto que de tanto facilitar, triturar y machacar los conocimientos, como si se tratara de una papilla, llegarían a tener minievaluaciones y aprobar casi por ósmosis. Eso nos llevaría a una falta de responsabilidad e iniciativa, y en definitiva a tener chavales a los que el esfuerzo y la resiliencia pegarían como a un cura dos pistolas. Pues bien, creo que estos ejemplos relatan la sociedad que estamos construyendo, en el que se censura la tristeza, la decadencia y la dificultad. ¡Lo que hay que ver!. A este paso, para poder librarnos de esta plaga, vamos a tener que renegar de mi paisano Unamuno y gritar como los legionarios ¡viva la muerte!.
